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Un reciente estudio refleja que los seres humanos dedicamos a trabajar más de un 15% de nuestra vida. Si llevamos este dato a años, el resultado es que pasamos una media de 12 años completos trabajando.
De ahí la importancia de tener un buen clima laboral, ya que en el trabajo no sólo pasamos gran parte de nuestras vidas, si no que, durante el tiempo que le dedicamos al trabajo suceden acontecimientos que pueden influirnos no sólo en lo laboral, si no, en lo personal. Para ello es vital crear un clima
laboral satisfactorio, pero, ¿a qué llamamos clima laboral?
El clima laboral es el ambiente que se respira en el medio en el que los trabajadores llevan a cabo sus distintas labores. Un concepto que se encuentra condicionado por las acciones de la empresa, pero también por factores propios de la percepción y características de los empleados.
Por ello, aunque en gran parte depende de la empresa, también es una labor importante del equipo y cada uno de nosotros podemos aportar nuestro granito de arena.
Muchas veces, en el entorno profesional es más sencillo decir qué es lo que se está haciendo mal, pero no tenemos tanta facilidad para destacar lo que se está haciendo bien.
El reconocimiento profesional es una de las herramientas más poderosa para crear ambientes de trabajo estables y comprometidos. El compromiso de un equipo es proporcional a sus éxitos y el reconocimiento de los mismos.
Triunfar sin reconocimiento puede provocar frustración y desmotivación.
Aunque el reconocimiento material puede parecer la mejor forma de reconocimiento. Sin embargo, es la que menos tiempo dura, ya que nunca se tiene suficiente.
Encontrar la forma de reconocimiento adecuada proporciona entornos productivos, satisfactorios y refuerza el ambiente laboral.
Habéis pensado ¿por qué cuando miramos a un grupo de niños jugando, se nos dibuja una sonrisa en la cara? La respuesta es muy sencilla: porque nos están trasmitiendo su actitud positiva.
La positividad se transmite. Pequeños gestos en momentos determinados pueden definir el estado de ánimo, la toma de decisiones o el ímpetu de las acciones.
• Una sonrisa.
• Buenos días.
• Hola.
• Felicidades.
• ¿Qué tal estás?
• Bien hecho.
• Buen trabajo.
Palabras que pueden cambiar la forma en que percibimos las situaciones. Cuando se utilizan por educación sin importarnos el impacto que tienen sobre el del enfrente pierden totalmente su valor, pero cuando se utilizan mostrando interés hacia la otra persona pueden ser las armas más poderosas para reforzar el compromiso con la empresa y con el equipo.
Por el contrario, una actitud negativa es el sentimiento que más fácil se transmite y es capaz de dinamitar ambientes positivos en tiempos récord. Es por ello, que, aunque en el entorno laboral muchas veces tengamos que dar o recibir noticias negativas es imprescindible antes de ello considerar ciertos aspectos con el objetivo de no reforzar las actitudes negativas:
• Buscar el mejor momento
• Buscar la mejor forma
• Buscar el mejor entorno
• Pensar en cómo afectará a las personas.
• Pensar en cómo minimizar el impacto.
En resumen, el éxito para lograr un clima laboral satisfactorio reside en la positividad por parte de los empleados y el reconocimiento a los mismos por parte de la empresa.

Para conseguir una actitud positiva es imprescindible saber que estamos haciendo bien nuestra labor. Está demostrado que enfrentarnos a nuestra actividad diaria y a nuestros compañeros con actitud positiva: ayuda de manera determinante a que nuestra jornada laboral sea más agradable,
amena e incluso divertida, y consigue que momentos de conflictos o crisis no se experimenten de manera tan severa.
A continuación, os dejamos una gran frase de Dennis y Wendy Mannering, para reflexionar:

“Las actitudes son contagiosas.
¿Merece la pena contagiarse de la tuya?”

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